LA MUJER QUE CERRÓ EN SU MEJOR MES
Sajeeva Hurtado y la fertilidad que no cabe en un útero
Hay una ley en las colmenas que portan sabiduría divina para los negocios: cuando la colonia está en su mejor momento — fuerte, próspera, llena de vida—, la abeja reina se va. Sabe que es el momento de fundar lo nuevo. Toma un enjambre y deja atrás una colmena tan sana que puede coronar a su propia sucesora. La partida en plenitud, desde una mirada lineal, no tiene lógica. Desde la mirada de lo femenino y las leyes de la naturaleza, en cambio, es el gesto más fértil que existe.
Esta es la imagen que tuve al entrevistar a Sajeeva Hurtado.
El día que su project manager llegó feliz a darle la noticia —“facturamos 600 mil dólares”—, Sajeeva Hurtado le contestó con una pregunta.
—¿Pero cuántas vidas impactamos?
Él se quedó en silencio. Venía a celebrar y esperaba celebración. Y en ese silencio los dos entendieron, al mismo tiempo, que el camino juntos se había terminado.
—Mi mirada está en la paz y la alegría que me da saber cuántas personas tocamos.
En el mes de mayor facturación de toda la historia de su escuela, Sajeeva decidió cerrarla. Lo que sigue —una fundación, la neurociencia del placer, el regreso al cuerpo presente en un mundo que se digitaliza— es la historia de una mujer que entendió que la abundancia verdadera se mide por la libertad abrirse a lo nuevo.
Para el mundo fue incomprensible. Para ella fue coherencia pura: llevaba años enseñando que el dinero es un efecto secundario de la entrega — “y lo amo, y él me ama a mí, y facturo un montón y no pienso parar”—, pero, cuando el lenguaje y el propósito de quienes la rodeaban dejaron de ser los suyos, hizo lo que enseña. Escuchó. Y paró.