LIBERAR EL DINERO ES ABRIR EL CANAL DEL CUERPO
Comencé a facturar con el pecho expandido el día en que mi útero se convirtió en la arquitectura interna que guía mis pasos.
Abrí mi correo y la notificación confirmaba la venta más grande en la historia de mi negocio. Sentí un hilo tensarse desde mi vagina hasta mi garganta, grité y cerré el computador. Esa vez mi clienta esperó tres días a que yo apareciera mientras intentaba calibrar una nueva identidad. Fue el mismo microinfarto que sentí cuando, movida por mi deseo, compré un auto nuevo y sentí esa contracción atravesándome al imaginar que mi papá me catalogaría de frívola.
La plata llega, pero lo incómodo es que nunca entra solamente a una cuenta corriente. Antes, atraviesa el cuerpo. Y cuando el cuerpo fue entrenado, durante generaciones, para sobrevivir y no para recibir, el milagro puede sentirse igual que una amenaza.
Crecí en una familia donde las mujeres se repetían en voz baja que no podían ser ambiciosas. Sospechaban que el deseo propio se parecía demasiado a la soberbia. Aprendimos tácitamente que para ser amadas había que empobrecerse y lo disfrazamos de austeridad. Como soy una mujer que ama más su libertad que la necesidad de ser amada, el día que pude ver ese hechizo con claridad me obsesioné con encontrar la forma de moverme diferente.
Luego de diez años experimentando con mi cuerpo y utilizando herramientas basadas en la ciencia, como el método sintotérmico y la terapia somática, integradas con la exploración de la conciencia, el trabajo energético y la intuición, mi hallazgo es una cadena de procesos iterativos que me permite reconocer cómo, cuándo y desde qué estado materializar una visión. No se trata solo de expandir la capacidad de mi sistema nervioso para sostenerla, sino de aprender a leer el momento preciso en que esa obra puede nacer.
Cada vez que el hechizo de lealtad aparece, dejo de leerlo como una señal para retroceder y lo reconozco como el borde de una expansión. Como una contracción de parto que duele, pero abre. Mi segundo hijo nació en un parto espontáneo, sin anestesia y orgásmico. Ese día entendí que el mismo canal que puede parir un hijo o una empresa amplifica su función cuando se vive con placer.
Así comencé a liderar mis procesos creativos regulando primero mi sistema nervioso y accediendo a lo que llamo estados de placer lúcido. Son estados que habilitan mi Canal creativo desde un útero activo y palpitante, aquietan el miedo, la rabia y la ansiedad lo suficiente para que aparezcan los insights desde los que puedo elegir, una y otra vez, romper la lealtad de mi árbol.
Muchas de las decisiones de mi empresa comienzan erotizándome con la vida. El orgasmo modifica la calidad de mi presencia, mi útero deja de defenderse y así mi corazón se abre para no poner resistencia a aquello que es más grande que yo. Desde ahí descubrí que una mujer que tiene conexión entre el cielo y la tierra tiene una única responsabilidad: mantener su Canal disponible.
La llave maestra es el placer, pero el trabajo concreto aparece en un salón más adentro. Entonces, sin salir de ese estado, abro el computador y miro el mapa cíclico que he construido para preguntarme dos cosas: ¿qué requiere de mí, hoy, la obra que quiere nacer? ¿Cuál es la energía disponible en mi Canal para ejecutarlo? La urgencia y el algoritmo insisten con una respuesta rápida, pero yo atiendo la señal del cuerpo que tendrá que sostener esa obra cuando exista. El mío.
No leo el cuerpo con los ojos cerrados. Diariamente registro datos concretos para descifrar el lenguaje del útero: temperatura basal, moco cervical y posición del cérvix. Los cruzo con lo que hace mi sistema nervioso, mapeo la tensión en puntos clave de mi cuerpo, y toco las teclas necesarias para recalibrarme. Así, leerme consiste en manejar un dashboard que reviso cada mañana y que funciona como mapa de navegación después de reconocer en el tiempo las cualidades únicas que abren o cierran mi Canal.
Esa repetición convirtió mi cuerpo en arquitectura. Desde entonces he postergado lanzamientos, cambiado de nicho y aprendido a moverme sin evidencia externa porque voy creando alineada a los códigos de la vida. Mi experiencia es radical, y desde ahí mi trabajo consiste en construir la estructura sobre la que cualquier estrategia de negocios puede sostenerse.
Como arquitecta aprendí que más allá del diseño, una obra sólo es sostenible cuando responde en coherencia al territorio que la recibe y cuenta con una estructura capaz de sostener las cargas para las que fue concebida. Así, nuestra arquitectura interna es el conjunto de estructuras biológicas, emocionales, cognitivas y simbólicas que permite sostener la magnitud de una obra sin que el cuerpo la viva como una amenaza.
Ahí descubrí una paradoja: mientras más lento me muevo y más profundamente escucho el ritmo de mi cuerpo, más rápido se ordena lo que ocurre afuera. Entendí que el dinero siempre fue una conversación sobre cuánta libertad puede sostener un cuerpo sin volver a cerrar el corazón.
Cuando esa expansión dejó de sentirse como una amenaza, el dinero comenzó a llegar por correspondencia. Aprendí que la libertad es crear un paraíso en la Tierra con el pecho expandido y el útero derretido de placer. Sospecho que las primeras mujeres que manifestemos un nuevo mundo serán las que construyan una arquitectura interna capaz de sostener la magnitud de la obra que vinieron a crear
Sobre la Autora:
Mentora de Manifestación Cíclica para mujeres que construyen obras de largo plazo. Investiga cómo el cuerpo se convierte en la arquitectura capaz de sostener dinero, liderazgo y visión. Acompaña a mujeres a utilizar su Canal físico y energético como mapa para materializar la visión que vinieron a crear.
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