LA MUJER QUE CERRÓ EN SU MEJOR MES
Sajeeva Hurtado y la fertilidad que no cabe en un útero
Hay una ley en las colmenas que portan sabiduría divina para los negocios: cuando la colonia está en su mejor momento —fuerte, próspera, llena de vida—, la abeja reina se va. Sabe que es el momento de fundar lo nuevo. Toma un enjambre y deja atrás una colmena tan sana que puede coronar a su propia sucesora. La partida en plenitud, desde una mirada lineal, no tiene lógica. Desde la mirada de lo femenino y las leyes de la naturaleza, en cambio, es el gesto más fértil que existe.
Esta es la imagen que tuve al entrevistar a Sajeeva Hurtado.
El día que su project manager llegó feliz a darle la noticia —“facturamos 600 mil dólares”—, Sajeeva Hurtado le contestó con una pregunta.
—¿Pero cuántas vidas impactamos?
Él se quedó en silencio. Venía a celebrar y esperaba celebración. Y en ese silencio los dos entendieron, al mismo tiempo, que el camino juntos se había terminado.
—Mi mirada está en la paz y la alegría que me da saber cuántas personas tocamos.
En el mes de mayor facturación de toda la historia de su escuela, Sajeeva decidió cerrarla. Lo que sigue —una fundación, la neurociencia del placer, el regreso al cuerpo presente en un mundo que se digitaliza— es la historia de una mujer que entendió que la abundancia verdadera se mide por la libertad abrirse a lo nuevo.
Para el mundo fue incomprensible. Para ella fue coherencia pura: llevaba años enseñando que el dinero es un efecto secundario de la entrega — “y lo amo, y él me ama a mí, y facturo un montón y no pienso parar”—, pero, cuando el lenguaje y el propósito de quienes la rodeaban dejaron de ser los suyos, hizo lo que enseña. Escuchó. Y paró.
I. Especialista en la fuerza de la creación
Sajeeva es médica china, especializada en ginecología y fertilidad. Empezó a los veinticuatro años acompañando mujeres que querían ser madres. Y en ese consultorio, aguja en mano, descubrió lo que cambiaría el rumbo de todo: muchos de los casos de infertilidad tenían poco que ver con el aparato reproductor. Había otro sistema involucrado:
—El de las creencias.
A las mujeres que llegaban buscando un hijo les hacía una pregunta que casi nadie se atreve a hacer:
—Este hijo, ¿para qué lo quieres? ¿Quién lo quiere?
Porque mi mamá quiere ser abuela.
—Que se compre un perro o vaya a terapia.
Porque el canon de la buena mujer lo dice. Porque los matrimonios son para la descendencia.
—Basta con estas mentiras.
Ser madre es una decisión de por vida, y es también una decisión colectiva: el mundo está lleno de hijos que llegaron sin ser elegidos de verdad, y andan por ahí —dice— dañando, doliendo.
Por eso, cuando la llaman especialista en sexualidad, corrige:
—Yo soy especialista en la fuerza de la creación. En la fertilidad, en todos los niveles multidimensionales.
La mente es un campo fértil donde florece lo que siembras. El corazón es un campo fértil donde florece la emoción que plantas. Somos tierra fértil desde el día que nacemos hasta el día que morimos; el trabajo es elegir, con discernimiento del corazón, qué queremos parir: un hijo, un proyecto, una revista. O parirse a sí misma, que es la respiración central de su sistema.
—¿Cómo vas a darle vida a alguien si tú todavía no estás habitada? Si tú no estás, ¿quién recibe la vida?
II. Rodar, no escalar
Le pregunto a Sajeeva por su escalera de valor y se echa a reír.
—Yo no hago escaleras de valor. Hago bolitas de valor.
Su crítica al modelo es una imagen que desarma toda la retórica del crecimiento: las escaleras son líneas, y escalar exige fuerza — “ya cuando vas a llegar a la cima del Himalaya, marica, toca meterle con todo”—. La vida tiene otra forma. La vida es ciclo, movimiento orgánico.
—Lo que nosotros necesitamos es rodar. Si tú le metes la fuerza en el centro, ese eje gravitacional hace que la rueda gire sola.
¿Y cuál es el centro?
—El corazón. El eje de la rueda y el eje de nuestros negocios es el amor.
Su historia de negocio es la demostración empírica. Cuando llegó a Chile, uno de los primeros países donde dio eventos en vivo, las redes sociales todavía no existían. Pero no hacían falta: su trabajo ya había sido traducido a cuatro idiomas que ella ni siquiera hablaba, sin haber buscado nunca una editorial.
—La emanación de mi energía llegaba tan poderosa a las personas que esas personas eran mis marketers.
Emprender, para ella, viene de caminar —un impulso vital, corporal, instintivo—.
—¿Dónde te quedan las piernas? Al ladito del coño. Yo soy una maestra de “haz lo que te salga del coño”.
El mundo está lleno de ideas que no se corresponden con la marca genética de quien las ejecuta —negocios transgénicos, los llama—.
—Y la gente se está muriendo en sus emprendimientos.
Hasta las metas le parecen sospechosas:
—¿Por qué le vas a decir a Dios que te produzca un millón de dólares si, a lo mejor, tu idea es de cinco, de diez, de veinte? Cuando tú dices una cifra, no te pusiste un objetivo. Te pusiste un techo.
III. El desmerecimiento
Le pregunto cuál es la creencia que más ha tenido que desmontar en las emprendedoras que acompaña. Su respuesta no duda y ordena todo lo demás.
—El desmerecimiento. Problemas de amor: desmerecimiento. Problemas de plata: desmerecimiento. Problemas de éxito: desmerecimiento. Problemas de salud: desmerecimiento.
Y detrás del desmerecimiento, el mecanismo que lo fabrica: la idea del premio y el castigo. La sensación de estar en deuda, de tener que demostrar algo para validarse. Sajeeva lo desarma con la imagen más hermosa de toda la conversación:
—De millones de posibilidades, había un óvulo y millones de espermatozoides. Y tú fuiste la elegida —y no porque corriste más rápido, sino porque el óvulo te eligió—. Y en la vida te comportas como un espermatozoide, y se te olvida que todas somos un óvulo.
Quedarse. Abrirse. Emanar ese campo que elige y dice: «Aquí me abro, aquí me quedo, me lo merezco.» Contra el programa que pone todo el poder afuera —ganarse el lugar, ser digna, competir—, Sajeeva propone el gesto contrario: habitar el merecimiento que ya venía de fábrica.
Ella lo vivió en carne propia. Hace quince años se separó con un hijo recién nacido y cero pesos.
—Yo, mamá luchona, ni una mierda. Yo soy mamá gozona.
Le hizo homeschooling, viajaron por el mundo juntos y se prometió que todas las áreas de su vida serían tocadas por el placer y el amor todos los días, aunque fuera durante veinte minutos.
—Y si tenemos que gozar comiendo lechuga, gozaremos comiendo lechuga.
Hoy tiene un imperio. La secuencia, insiste, importa: el goce vino primero.
IV. La inteligencia del alma
Lo que viene ahora tiene la forma de sus decisiones: orgánica, sin plan maestro, con el corazón como única estructura.
—¿Qué vas a hacer? Ni idea. ¿Cuándo vas a volver a empezar? Ni idea. Confiando en el misterio y en la fertilidad —la vida se sabe expresar—.
Pero hay direcciones claras. La escuela digital se convierte en fundación, dedicada a la investigación de la neurociencia del placer y el amor —porque el mundo ya midió la respiración y la meditación, y sigue sin querer mirar el placer como lo que es: un proceso bioquímico, biológico y neuronal. Un derecho humano—. La fundación llevará ese trabajo a procesos de paz, a cárceles y a zonas de conflicto —Sajeeva es colombiana, de un país que vive en guerra desde hace décadas, y sabe que el estrés postraumático fábrica vidas en supervivencia—.
—Y si hay supervivencia, no hay placer. Y si no hay placer, no hay elecciones ni vidas dignas.
Y hay una razón más para volver a lo presencial, y es la más contracultural de todas. En un mundo donde la inteligencia artificial lo está tomando todo —donde sus propios copies empezaron a pasar por IA y dejó de reconocerse en sus propios mails—, Sajeeva eligió el otro camino.
—Yo quiero ser la IA: la inteligencia del alma. Quiero tocarlos, quiero estar cerca, quiero ayudarlos a que esa inteligencia no los vuelva brutos emocionalmente, vincularmente, físicamente.
Relaja la Raja, su espacio masivo —quinientas, mil, ojalá diez mil personas—, es la apuesta por eso: lugares donde reunirse a sentir y donde sentir sea seguro. Porque, cuando relajas la raja, dice, te abres. Y cuando te abres pasan dos cosas hermosas: puede salir lo que tienes dentro y puede entrar lo que estaba afuera, esperando estar en ti.
El método que respira contigo
Respirar es el gesto más constante de la vida y, aun así, casi nadie presta atención a cómo lo hace. Desde esa observación —tan simple que desarma— nace Respira y Relaja la Raja, el libro más reciente de Sajeeva Hurtado. En estas páginas presenta la Respiración Neuroepigenética, un método que propone utilizar la respiración como vía para regular el sistema nervioso y transformar la manera en que habitamos nuestro cuerpo.
La idea que sostiene toda la obra es tan sencilla como radical: la contracción profunda alimenta el miedo, el control y la desconexión; relajar esa tensión abre la posibilidad de una vida más presente, más consciente y más libre.
Lo que, en la voz de Sajeeva, suena a una provocación gozosa —“relaja la raja”— encuentra aquí un desarrollo sólido. El recorrido por los principales diafragmas del cuerpo —entre ellos el pélvico, “la puerta de la entrega y la receptividad”, y el craneal, “la puerta de la presencia”— explica cómo la desconexión entre ambos repercute en la forma en que sentimos, decidimos y nos vinculamos con la vida.
Uno de los capítulos dialoga especialmente con las lectoras de esta edición. Allí la autora explora por qué una persona deja de estar disponible para la vida cuando no se siente segura y desarrolla la relación entre miedo, placer y fertilidad, un eje que atraviesa toda su trayectoria, desde el consultorio de medicina china hasta los encuentros multitudinarios que hoy lidera.
Fiel al momento que atraviesa su investigación, el libro incorpora también evidencia científica. Presenta los cambios fisiológicos, bioquímicos y neurofuncionales asociados al método —la ciencia poniéndole datos a lo que muchas personas ya habían experimentado en su propio cuerpo—.
El resultado es una guía clara, cercana y sorprendentemente rigurosa. Propone aprender a salir del estado permanente de alerta para recuperar la capacidad de sentir.
Y quizá esa sea, también, la verdadera invitación del libro. Aflojar la tensión desde la que muchas mujeres sostienen su vida, su liderazgo y sus vínculos, para descubrir que otra forma de habitarse también es posible.
Como escribe Sajeeva:
—Cuando relajas, el código del ADN se expande. Y te recuerdas.
Sajeeva Hurtado
Médica china
Sobre la Autora:
Médica china, especialista en ginecología y fertilidad. Creadora de la Respiración Neuroepigenética y del movimiento Relaja la Raja. Autora de Millonaria Magnética y Respira y Relaja la Raja.
↗ Instagram: @llenadevida_sajeeva
Wild Goddess Magazine — Edición 02: La Nueva Millonaria Latina
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