se coló en las decisiones que tomé para optimizar mi negocio y con eso terminé violentándome a mí misma.
By Vania Lopez
Durante años nos enseñaron que crecer era una cuestión de estrategia.
Más visibilidad, más oferta, más sistema, más mindset.
Y funcionó.
Funcionó tan bien que muchas líderes hoy facturan cifras que hace una década parecían imposibles. El problema es que nadie nos enseñó a preguntarnos desde qué
identidad estábamos creciendo.
Mi historia profesional, es en apariencia, un caso de éxito del negocio digital. Pasé de trabajar uno a uno a crear un programas vendiendo más de 100 ofertas high ticket, aprendí marketing, diseñé embudos y llevé mis ingresos mensuales de aproximadamente 700 a 5000-8000 dólares mensuales.
Imagínate, para una psicóloga clínica -carrera en la que el chiste recurrente era que ibas a morir de hambre-, esos números eran un sueño hecho realidad.
Sostuve esa facturación durante más de un año hasta el día en el que quebré.
Desde fuera, todo indicaba expansión. Desde dentro estaba sosteniendo en modo
sobrevivencia.
Cuando
todo comenzó:
En 2022 fui madre. El embarazo fue deseado, planificado y hermoso, pero el parto estuvo marcado por violencia gineco-obstétrica. Mi hija y yo fuimos separadas al nacer porque ella tenía dificultades respiratorias y debía ser hospitalizada. Y aún sin saber cómo, desarrolló un retraso psicomotor.
Con todo este contexto desarrollé una depresión postparto.
Por un año corrimos para todos lados para recibir los mejores tratamientos para su retraso. Tuvimos mucho miedo en cada examen cerebral que teníamos que tomarle.
Nada de eso se ve en una gráfica de ingresos. Pero todo eso vivía en mi cuerpo mientras tomaba decisiones.
Lo que hoy comprendo –y que no se nombra lo suficiente en espacios de liderazgo—es que la
identidad que factura no siempre es la identidad que puede sostener lo que factura, ni menos los sistemas que digitales que prometían el imperio.
En ese contexto vital, tomé decisiones coherentes con la urgencia del momento: asegurar y aumentar ingresos, sostener tratamientos médicos, mantener el negocio en marcha. Decisiones inteligentes e incluso admirables.
Pero no sostenibles.
Un año luego de haber hecho mi primer lanzamiento y teniendo una visibilidad brutal. Facturando más que nunca pero descansando casi nada, busqué ayuda para
desarrollar un sistema más liviano que permitiera seguir facturando, escalar y
que además se ajuste a mi sensibilidad, momento vital como madre y a mi energía
como proyectora.
Para eso entré a un mastermind donde se utilizaban regresiones conscientes como herramienta de expansión, lo que me parecía perfecto para terminar con el ciclo de éxito externo y colapso interno que hasta ese entonces, no lo sentía doloroso. Más bien normalicé una sensación constante de nerviosismo asociándola más a crecimiento que otra cosa.
No obstante, con las regresiones conscientes, en lugar de estabilidad desarrollé sintomatología de revictimización de una experiencia de abuso sexual infantil. Lo que se tradujo en pesadillas recurrentes, ansiedad, sentimiento de insuficiencia, miedos que no tenía, y varios meses de 0 ventas.
No fue un error de la técnica ni de quien facilita el espacio. Las regresiones conscientes son una herramienta legítima de transformación. No obstante, no es inocua y tampoco funciona de la misma forma lineal deseada en cada participante.
Y justamente ahí está el error de paradigma basado en la causa-consecuencia con una expectativa de resultado lineal. En realidad, como todos y todas tenemos biografía y momento vital disponible, los resultados son una ruleta rusa y que como tal, puede mover la vida misma. Lo que requiere seguimiento, cuidado y psicoeducación.
Hoy lo entiendo, yo buscaba optimización, cuando primero necesitaba estabilización. Y dada mi experiencia reciente, fue como armar los pisos superiores de una estructura, pero sin tecnología antisísmica y con una base llena de grietas.
El paradigma moderno –aunque se vista de espiritualidad—sigue operando bajo una lógica lineal: cambia la creencia, cambia el resultado. Accede al inconsciente, desbloquea el dinero. Reprograma y escala.
Y cuando la vida atraviesa –maternidad, duelo, trauma, enfermedad—la identidad se reconfigura. Si el negocio sigue creciendo como si nada hubiese pasado, lo que se genera es sobrecarga y con ella el colapso en al menos un área de tu vida.
Bueno, un año y medio después del éxito, mi negocio colapsó y quebró por exceso de peso sobre una infraestructura identitaria que no había sido atendida.
La identidad que te lleva a un nivel de ingresos no es la misma que sostiene el siguiente. Y si en el camino ocurre un evento vital significativo, el pretender escalar sin actualizar esa identidad es una forma sofisticada de violencia interna.
Y si bien hoy, facturo menos que en esos años. Lo hago con ventas que se dan de forma orgánica, sin ads, con estrategia e intencionalidad liviana y anclada a mi placer. Con
clientas con las que trabajamos y nos DIVERTIMOS y DESEAN volver a contratarme.
Actualmente, frente a cada decisión dentro de mi negocio y vida personal, me pregunto con curiosidad y amabilidad ¿Desde qué lugar psicológico estoy tomando X decisión?
El hacerme esa pregunta me ha llevado a trabajar con líderes y CEOs que ya no buscan más herramientas para optimizar, sino coherencia y autenticidad para crecer en paz. Mujeres que saben vender, posicionarse y diseñar estrategias, pero que intuyen –con razón—que algo más
profundo define si su expansión se sostiene y amplifica o se desarma.
Como ves, si algo no se quebró fue mi capacidad de soñar bien cabrón. Pero esta vez, creando paso a paso la profundidad que sostiene mi expansión.
Ese algo que permite este cambio es la infraestructura identitaria®.
Esa infraestructura es tu capacidad interna REAL –no idealizada– de sostener decisiones, exposición, complejidad y dinero en el nivel en que tu negocio está operando ahora.
Básicamente es quien eres y puedes ser HOY, con la historia que tienes o cargas, con la disponibilidad psicológica que habitas, el cuerpo que tienes y el momento vital que estás viviendo.
Concretamente es la diferencia entre:
Facturar $10K desde una identidad que puede liderar esa cantidad de dinero ingresando mes a mes, gestionar la exposición y las nuevas responsabilidades sintiendo una base estable y segura V/S facturar lo mismo, desde una identidad en modo sobrevivencia por algún acontecimiento, sosteniendo todo a punta de autoexigencia y perfeccionismo.
La primera escala, la segunda colapsa. Y el problema del paradigma moderno es que
te enseña a crecer la facturación sin actualizar la infraestructura que la
sostiene.
Y en la mayoría de los casos, el cómo se vive esa infraestructura es silencioso. Pues, sin un paradigma capaz de constatar cómo estás a nivel de identidad hoy, te harán pensar que cuando no tienes resultados, el problema es que estás vibrando bajo o disfrazarán de expansión lo que en realidad es un trastorno de ansiedad generalizada debido a la
frustración y ansiedad que muchas veces implica desarrollar un negocio digital.
En mi caso, hacerme cargo de mi infraestructura identitaria ha implicado aceptarme en todas mis formas y realidades de los últimos años. La lactancia fallida, el duelo por la vida sola que no volverá, honrar mi maternidad. Aceptar y cuidar mis dones como proyectora de libro perfil 3/5 en Diseño Humano.
Dejar atrás las estrategias encartonadas. Aprender a ver lo que la vida, Dios y el universo me muestran dejando de controlar –como síntoma propio de la ansiedad–. Dejarme sostener por mi marido y mi familia preciosa, que yo misma había comenzado a formar.
Agradecer con gratitud real, colechar los 3 y contarnos con nuestra hija cuál fue el momento favorito del día de cada uno.
Hoy, el sentir con el corazón completo, cada sonrisa mía, de mi hija, de mi marido, familia y clientas son la meta.
Actualmente trabajo con sólo 6 procesos individuales y uno grupal al mes. El valor hora lo tripliqué y con ello mi calidad de vida.
Cambié de nicho por lo que siempre quise, integré mis 10 años trabajando como psicóloga experta en identidad, volví a danza y retomé el deporte 4 veces por semana.
Justamente ha sido en este punto en el que fui invitada a redactar esta columna. ¿Coincidencia? No, yo diría que es coherencia interna que se proyecta de forma auténtica y magnetiza.
Y ese es el verdadero upgrade del liderazgo consciente:
No crecer más rápido.
Sino crecer desde una estructura interna capaz de sostener lo que se crea siendo tú misma. Y eso, te vuelve irresistible.
Vania López
Psicóloga clínica y psicoterapeuta. Magister en psicoterapias post modernas
Sobre la autora
Vania López es psicóloga de dueñas de negocio y líderes conscientes +30 años. Es magíster en Psicología Clínica y Psicoterapias Postmodernas, con 10 años de experiencia. Acompaña a dueñas de negocio y líderes que entienden que ellas son su primer activo financiero a pasar de sentirse con inseguridad a sentirse seguras encarnando su identidad más auténtica.
Sus acompañamientos integran psicología post-moderna, fenomenología hermenéutica, mindfulness y diseño humano, para construir autoridad, paz personal y empoderamiento consciente.↗ @vaniathegothessfrequency
Carta de la editora