No necesito convertirme en otra

ENTREVISTA

CORAZÓN ABIERTO


Alba Santamarina levantó desde cero una de las marcas de referencia en los negocios digitales en España. Creadora de un método propio de branding, autora, speaker internacional, mentora de más de mil mujeres. Tenía todo lo que la industria del emprendimiento enseña a desear —autoridad, resultados, una marca personal sólida y bien posicionada— y aun así algo, adentro, dejaba de sostenerse. Esta conversación es el registro de cómo desarmó esa versión de sí para entrar en una capa de su propia autenticidad sin renunciar a lo mejor que sabe hacer.

Hay una escena con la que conviene empezar, porque ella misma la señala como el punto donde todo giró. Estaba en una misa a la que llegó casi sin saber cómo — no la buscaba, o al menos no con la determinación con que había buscado todo lo demás en los últimos años. Y ahí, sentada, le pasó algo que no tenía cómo anticipar: se sintió acogida, descansada, como si una voz le dijera que ya podía soltar un peso que llevaba cargando sin nombrarlo.

Para dimensionar por qué esa escena importa hay que mirar lo que había construido. Alba fundó Bimbare en 2020, en el reverso de una vida profesional que la pandemia dio vuelta de un día para otro. En pocos años la convirtió en una empresa de referencia en su mercado, con un equipo propio, un método registrado de marca personal y branding, un libro, un escenario internacional y más de mil mujeres formadas. Visto desde afuera, funcionaba. Todo funcionaba. Lo que sigue es la conversación sobre lo que había debajo.


El antes

Empezamos por la imagen que sostuvo durante años, y por el momento en que dejó de reconocerse en ella.

WGM — Durante mucho tiempo encarnaste a la mujer que podía con todo. ¿Cuándo supiste que algo en esa imagen no cerraba?

No hubo un único momento, sino una suma. Por fuera todo parecía funcionar: logros, reconocimiento, una marca personal que crecía. Pero cada vez me sentía más lejos de mí misma. Había construido una versión muy fuerte, muy capaz, sostenida desde el esfuerzo, la exigencia y una necesidad enorme de demostrar. Lo vi claro cuando noté que cuanto más conseguía, menos descansaba. Nada me bastaba. Siempre había otro objetivo, otra meta, otro lanzamiento. Ahí entendí que quizá no era libre, sino esclava de una imagen de éxito que yo misma había alimentado.

WGM — ¿Cómo era tu relación con el trabajo en esa época?

Muy intensa. Amaba lo que hacía, pero lo había convertido en el centro de mi identidad. Me costaba muchísimo desconectar sin sentir culpa; incluso descansando, una parte de mí seguía midiendo, analizando. Lo curioso es que las tareas en sí me encantaban — crear contenidos, diseñar programas, dar clase. La sobreexigencia estaba en otro lado: en sostener una estructura cada vez más grande, con más gastos fijos cada mes. Hay un salto cuando escalas que exige mucho, sobre todo mental, porque para crecer necesitas más estructura y a la vez necesitas crecer para sostenerla. Es el pez que se muerde la cola.

WGM — "Ser fuerte es no necesitar." ¿De dónde venía ese mensaje?

De muchos lugares a la vez. De una cultura que nos enseñó a las mujeres que ser fuertes es no pedir, no depender, no rompernos nunca. De una industria del emprendimiento que glorifica la productividad y la autosuficiencia como si fueran la única forma válida de liderar. Y de heridas personales. Cuando una aprende que tiene que protegerse, construye una armadura. La mía se parecía mucho a la independencia extrema, a tenerlo todo controlado, a no permitirme sentir demasiado. Durante mucho tiempo pensé que eso era poder. Hoy veo que era un caparazón.


El quiebre

Le preguntamos si hubo una fecha, un lugar, una frase. La respuesta fueron las dos cosas: un cansancio largo y, al final, una escena.

WGM — ¿Fue un momento puntual o un agotamiento acumulado?

Un agotamiento acumulado. Lograba éxitos externos y reconocimiento, pero no me sentía más llena ni más alegre, y eso me hizo cuestionarme: todo esto, ¿entonces para qué? Es muy duro darte cuenta de que aquello por lo que tanto te has esforzado y sacrificado no era, en realidad, todo. Al final lo que más anhelamos es sentirnos en paz, y la vamos buscando de aquí y de allá: en el trabajo, el reconocimiento, el dinero, el amor. Yo la busqué mucho tiempo en terapias, creyendo que cuando sanara ya sí tendría esa paz. Pero una terapia abría la necesidad de la siguiente, una y otra vez. Nada bastaba.

WGM — ¿Y la escena?

Un día fui a esa misa. No sé bien cómo llegué allí. Y experimenté algo que no había vivido nunca: me sentí profundamente amada, acogida, perdonada. Fue un abrazo al alma, un descanso para el agotamiento. Un “tranquila, ya puedes descansar”. 

Ese descanso y ese amor profundo vinieron de Dios. No porque en la misa encontrara un grupo acogedor o escuchara un discurso revelador, sino porque fue la presencia de Dios en mi corazón. 

WGM — Dices que el empoderamiento que te prometieron trajo también soledad. ¿Cuándo la sentiste?

Cuando pude preguntármelo con honestidad: esta coraza de mujer fuerte e independiente, ¿me acercaba a las personas o me dejaba cada vez más sola? Me confrontó darme cuenta de que ese "yo, yo, yo" me estaba volviendo altiva, me alejaba de mi familia, me impedía imaginar un futuro con alguien, me hacía tan selectiva que apenas conservaba amigas íntimas. Muchas mujeres hemos confundido la libertad con no necesitar a nadie, y ahí estamos equivocadas.


La transformación

Lo que vino después no siguió el guión habitual de estas historias. Alba no renunció a la ambición. Reordenó su jerarquía.

WGM — ¿Qué tuvo que morir para que naciera esta versión?

La necesidad de reconocimiento y validación. Y el ego que asume que las decisiones del corazón siempre son buenas, porque aprendí que no todas las decisiones que nos agradan son las correctas.

WGM — Dices que cada cambio lo haces por respeto a ti misma, aunque duela. ¿Cuál fue el más costoso?

Más que el más doloroso, fue el más trascendental: aprender a vivir sabiendo que no estoy sola y que no necesito la validación del mundo. No voy a ser romántica con esto. Cuando tomas decisiones que van en dirección opuesta a lo que venías construyendo, hay consecuencias. Hay un peaje. Y si no decides pagarlo, quedas obligada a seguir sosteniendo lo que te hace daño solo por no asumir el costo de cambiar. Eso es durísimo.


El negocio

Bimbare sobrevivió al giro, pero transformada. Aquí es donde su historia deja de ser testimonio y empieza a hablarle a cualquier fundadora.

WGM — ¿Qué decisiones tomas distinto ahora en la marca?

Antes decidía con prisa, con la sensación de que el momentum se me escapaba. Ahora trabajo desde otro ritmo, he simplificado, dejé de perseguir fórmulas. Pero esto no es improvisar ni romantizar el negocio, al contrario: hoy creo más que nunca en la estrategia, solo que en una estrategia al servicio de la identidad. Cuando una mujer construye su marca solo desde lo que vende o desde lo que el algoritmo premia, puede acabar perdiéndose a sí misma dentro de su propia marca. Creo que esa es mi evolución más importante como mentora: antes enseñaba a construir una marca potente; ahora, una que además se pueda sostener en paz.

WGM — ¿Cuál es tu dirección de aquí en adelante?

Unir dos cosas que durante mucho tiempo parecieron separadas: autoridad y verdad, estrategia e identidad, negocio y vida real. Creo que las marcas personales que vienen no serán las que más griten ni las que más contenido publiquen, sino las que tengan una voz propia, una dirección clara y una humanidad que se pueda sentir.


Adelante

WGM — ¿Qué le dirías a la mujer que se reconoce en tu "antes" y todavía no sabe cómo salir?

No ignores la incomodidad. Si por fuera todo se ve bien pero por dentro hay un vacío, ahí hay una señal. No significa que tengas que quemarlo todo ni cambiar tu vida de un día para otro, pero sí que necesitas escucharte con honestidad. No tengas miedo de soltar la versión de ti que te dio resultados: que algo te haya servido en una etapa no significa que deba gobernar toda tu vida. Y si tienes una marca posicionada o un negocio que funciona, redefinirlo no es dejarlo todo ni perder tu ambición. A veces es ordenar, volver a preguntarte quién eres y qué versión de ti estás alimentando con tu marca. Quizá no necesitas hacer más. Quizá necesitas construir desde un lugar más verdadero.

Al despedirse, deja la misma frase con la que firma sus mensajes: "Jesús te ama :)".


 

Alba Santamarina

Fundadora y CEO de Bimbare

Sobre la Autora:

Fundadora y CEO de Bimbare, empresa referente en negocios digitales en España. Creadora del Método Business Branding©, speaker internacional, autora de Mujer Bimbare y mentora de más de 1000 mujeres emprendedoras.

‍ ‍contacto@bimbaredigital.com
↗ Youtube: ‍ ‍@bimbare
↗ Instagram:‍ ‍@bimbare


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