VISIONARIA
El movimiento que nadie planeó
Por Camila Fran — Wild Goddess Magazine
Aria tiene casi un año y acaba de decidir que ya no quiere el fular. Quiere caminar. Así que caminamos — su madre, ella, y yo — por las calles de la costanera de Sitges, buscando una banana, mientras Jenni Guevara me habla de lo que significa sostener una visión que ya no le pertenece del todo.
Eso es lo primero que hay que entender sobre la Conferencia Visionaria: que en algún punto dejó de ser de Jenni para convertirse en algo que Jenni también observa con asombro.
Semanas antes del evento, le llegó un mensaje de una colega. Su hija estaba hospitalizada. Iba a ir igual. "Esto lo hago por mi hija", escribió. "Por sus hijas. Por las hijas de sus hijas."
Es el tipo de cosa que ocurre en la órbita de Visionaria. La fotógrafa llegó desde Mallorca. La maestra de ceremonias, desde Argentina. Veinte personas construyendo el evento, dos en el equipo real. Gente que envió mensajes meses antes de que hubiera convocatoria para decir: creo en esta visión, ¿qué puedo hacer?.
"Los movimientos de verdad son los que ocurren sin que estés diciéndolo", dice Jenni mientras Aria estudia el adoquín con la concentración de quien aprende algo que el resto del mundo ya sabe hacer.
I. Dos días online, una sala en Barcelona
La Conferencia Visionaria dura tres días. Los dos primeros online, convocando entre setenta y cien mujeres conectadas simultáneamente desde México, Argentina, Chile, España, Colombia. El tercero, presencial en Barcelona. Ese formato no es una concesión logística: es una declaración de cómo Jenni entiende la comunidad. Primero el pensamiento en red, después el cuerpo en el mismo espacio.
Porque hay algo que Visionaria sabe que muchos eventos ignoran: que el encuentro real requiere preparación. Que llegar a una sala con desconocidas no es lo mismo que llegar habiendo pensado juntas durante dos días. Las mujeres que entraron al presencial del sábado no eran extrañas entre sí. Llegaron con conversaciones abiertas, con preguntas ya formuladas, con algo que ya habían empezado a construir colectivamente.
La conferencia no las reunió. Las encontró ya moviéndose.
II. Lo que no es
Hay algo que Jenni eligió deliberadamente no hacer, y que dice tanto sobre Visionaria como todo lo que sí eligió.
No hay paneles infinitos de clientas satisfechas. No hay emocionalidad diseñada para el pico de compra. No hay caja al final para pasar la tarjeta. Un año antes había contratado a una especialista en eventos que la llevó hacia un formato centrado en su metodología — ella al frente, su sistema como protagonista. Y de pronto se dio cuenta que tenía resistencia a venderlo y no entendía por qué. Ahora lo entiende: no era el mensaje. Era el formato. El formato no era el espíritu de lo que quería crear.
Le costó un año de aprendizaje entender la diferencia entre construir un evento que convierte y construir un evento que transforma.
"No curo el evento para convertir. Para mí cada persona que viene a Visionaria tiene que sentir que hay un antes y un después."
III. Online: la conversación que nadie suele tener en voz alta
En la mesa redonda sobre negocios y espiritualidad de los días online, alguien hizo una pregunta que rara vez aparece en eventos de negocios con ese tono: ¿qué le estás pidiendo a tu negocio que no te está dando — y qué te pide él a ti que modifiques primero?
Lo que siguió no fue una ronda de respuestas prolijas y predecibles. Fue una conversación sobre los lugares donde cada una se había estado mintiendo. Sobre la creencia de que simplificar es traicionar la profundidad. Sobre el negocio que te manda a enfrentar lo que más evitas — los impuestos, el orden, la hacienda — exactamente cuando le pides que crezca. Sobre la resistencia que aparece justo cuando más quieres correr y avanzar. Y cómo está señalando justamente lo que requiere ese nuevo nivel.
Al cierre de la primera jornada, la pregunta se abrió a toda la sala. ¿Qué parte de tu negocio se siente como una jaula? El chat se llenó en segundos. Alguien dijo que la jaula era hacerlo todo sola. Otra que necesitaba encontrar su voz real y dejar los carruseles sin alma. Una más confesó algo que pocas dicen en ese tono: que huye del autocuidado porque durante años nunca fue su prioridad, y que ya no sabe bien dónde termina el descanso y dónde empieza la evasión.
IV. Sábado. Barcelona.
A las tres de la tarde del sábado, la sala huele a cacao antes de que entres. El olor se cuela por entre las sillas del salón; un cacao rezado traído para abrir el espacio. Jenni abre con una mini ceremonia de cacao intencionado, y ese olor denso y antiguo impregna todo lo que viene después: las conversaciones, los silencios, los aplausos.
Las mujeres que llenan la sala son diversas: Chamanas con gorros de ala ancha. Vestidos elegantes de líneas precisas. Telas holgadas en colores. Mujeres que vienen de Colombia, de Argentina, de Chile, de México, y de Suiza que comparten algo que no siempre tiene nombre pero que en esa sala se reconoce de inmediato. Una manera de entender los negocios que integra lo estratégico con lo espiritual sin que ninguno de los dos ceda terreno al otro.
Laura Gabriel oficia como maestra de ceremonias. Nadia Nemer interviene como primera main speaker. Luciana Pon facilita un miniworkshop. Y a las cuatro y veintitrés de la tarde se instala la mesa redonda sobre el futuro de los negocios femeninos de habla hispana. La conversación que es el corazón de todo el evento.
La mesa la integramos Fernanda, Rosita Chávez, Catalina Dash y yo. Lo que se dijo ahí merece su propio artículo. Lo que puedo decir es que ninguna de las cuatro subió con respuestas preparadas. Subimos con preguntas reales. Y eso, en un evento de negocios, sigue siendo un acto poco común.
Después del coffee break, Alex Najarian toma el escenario. Luego Jenni — esta vez como main speaker, no como anfitriona — seguida de un Q&A que se extiende más de lo previsto porque las preguntas no paran. María Bolívar cierra con un miniworkshop. Y Diana Guevara, con quien Jenni acaba de anunciar la primera mastermind conjunta de alto nivel en habla hispana, sube como última ponente del día.
A las siete cuarenta y tres de la tarde se entregan los Premios Visionaria. Sus categorías —Alta Visión, Crecimiento sin Límites, Negocio Sostenible y Liderazgo Emergente— reconocen distintas maneras de imaginar y sostener un proyecto.
Los premios no son trofeos. Son piezas hechas a mano por una ceramista, cada una con su propio sentido; objetos que tienen el peso de las cosas que se construyen para durar.
El networking que cierra el evento no tiene hora de término real. Las conversaciones siguen en la calle, en los bares del barrio, en los grupos de WhatsApp que se crean esa misma noche.
V.Cambiar el mundo es otra cosa
Días antes del evento presencial, en nuestra caminata por Barcelona, Jenni hace una distinción que no suelta:
"El impacto lo tiene cualquiera que trabaja con personas. Cambiar el mundo es otra cosa."
Cambiar el mundo, para ella, significa que tu negocio esté diseñado para una visión que excede a cada cliente individual. Una apuesta de transformación colectiva con horizonte generacional. El catering del evento es con productos de proximidad. Todo es compostable. De los Premios Visionaria, la categoría de sostenibilidad es la que menos postulaciones recibe este año; aun así, Jenni la sostiene.
La sostenibilidad opera en Visionaria en tres escalas simultáneas: cómo el negocio te sostiene a ti, cómo sostiene la evolución colectiva, cómo regenera la madre tierra. No son tres compromisos distintos. Son el mismo compromiso visto desde tres distancias.
"Para mí tener una ceremonia de cacao en un evento de negocios es un statement muy grande."
No lo explica más. No hace falta.
VI. El código
Le pregunto, en algún punto de nuestra caminata, qué código está activando Visionaria. Qué está diciendo, más allá de lo que ella planeó.
Se toma un segundo.
"¿Qué mundo le estamos dejando a las hijas de nuestras hijas de nuestras hijas?"
Se siente como que Jenni lleva tiempo viviendo cerca de esa pregunta. Aria intenta caminar sola otra vez sobre el adoquín. Jenni dice que al principio quería hacer algo con veinte personas. Una cosa pequeña. Terminó en esto — en un movimiento que convoca a gente que nunca contrató, que lleva a una colega a salir del hospital donde está su hija para estar presente porque lo hace por sus hijas, por las hijas de sus hijas.
"Soy la que lleva la antorcha", dice. "Pero a veces siento que la antorcha me va llevando a mí."
Hacia el final de nuestra conversación, Jenni nombra algo que todavía está procesando: que el nuevo paradigma de negocios trajo el femenino individual — el cuerpo, la ciclicidad, el poder propio. Visionaria trae algo distinto. El femenino en red. El femenino colectivo. No como doctrina — como observación de lo que está ocurriendo en la sala, en el chat, en los mensajes que llegan antes de que haya convocatoria.
Para eso se necesitan espacios de práctica, dice. No solo de encuentro. Espacios donde entrenar la colaboración como músculo, donde aprender a construir juntas con estrategia y con corazón, sin confundir la buena energía con la complementariedad real.
"Nos llenamos la boca de colaborar. Pero no tenemos mucho entrenamiento en cómo hacerlo."
Visionaria, entre otras cosas, es ese entrenamiento.
El movimiento que nadie planeó. Que por eso es real.
Jenny Guevara
Mentora de Brujas de Negocios
Sobre la Autora:
Mentora de Brujas de Negocios. Pasó de 0 a 500k en 2,5 años y mentorizó a más de 5000 mujeres de todo el mundo. Fundadora de Visionaria: La Conferencia.
↗ Instagram: @the.academic.witch
Conferencia Visionaria. Barcelona, marzo 2025. Dos días online, un día presencial en Barcelona. wildgoddessmagazine.com